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¡Dejemos de tirar comida! 9 trucos para no despilfarrar los alimentos.

1.300 millones de toneladas de alimentos se desperdician al año en todo el mundo. Con este impresionante dato sobre el despilfarro se lanzan distintas iniciativas para tratar de reutilizar la comida y/o concienciar a no tirarla.

Un informe de la ONU dice que la tercera parte de los alimentos producidos al año en el mundo para el consumo humano se desperdician. El dato es escalofriante, y aún más estremecedor, saber que las diferencias de la comida que se va a la basura por países. Tanto los países de Europa como los Estados Unidos tiran entre 95 y 115 kilos anuales. Solo España supera los 60 kilos anuales por persona. Mientras que en África o en Asia alcanzan escasamente los 10 kilos. Solo el pasado año, en los cubos de basura de los restaurantes españoles se amontonaron más de 63.000 toneladas de comida. Tanto por economía como por despilfarro es un dato que debemos trabajar para reducirlo.

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Los productores, los distribuidores y el sector de la restauración son los causantes de la mayor parte del derroche alimentario que se produce. No obstante, los consumidores de a pie también debemos asumir nuestra parte de responsabilidad. Y qué mejor que hacerlo con unos trucos que te damos a continuación y que pretenden minimizar la cantidad de comida que tiramos cada día a nuestro cubo de la basura:

  1.        Truco número uno: conciénciate de las consecuencias negativas del desperdicio de alimentos.
  2.        Influye con las decisiones de compra. ¿Cómo? Exigiendo productos de calidad, dejando de lado el envase, el empaquetado y la cantidad.
  3.        La mayor parte del despilfarro se debe a la falta de previsión a la hora de comprar. Por lo que uno de nuestros trucos básicos para no despilfarrar comida es planear bien nuestras compras y los alimentos que nos hacen falta para que de esta forma no acumulemos en la nevera comida que nos sobrará y que al final terminaremos tirando a la basura.
  4.        Estudia la lista de la compra para no llevarte excesivos productos, sobre todo los más perecederos.
  5.        Otro consejo ecológico es llevarse a casa la comida que nos sobra cuando salimos a comer fuera en algún restaurante en tuppers, una práctica extendida en Estados Unidos con el nombre “doggy bag“.  En nuestro país, de la mano de San Miguel y su campaña titulada “ciudadano 0,0” se ha creado una iniciativa similar con una caja de cartón llamada “nolotiro” donde transportar las sobras de comida de los restaurantes. Aunque de momento la campaña solo afecta a Barcelona y Madrid pero en el futuro podría llegar a otras ciudades.Why-Are-Brits-Ashamed-to-Ask-for-Doggy-Bags-in-Restaurants
  6.           Comprueba la fecha de caducidad al hacer la compra para evitar comprar alimentos que se pueden echar a perder en poco tiempo.
  7.           Aprovecha los resto de la comida del día siguiente, como ingredientes para la cena, congelándolos, etc.
  8.           La organización en la despensa y el frigorífico o congelador es el punto crítico previo a la preparación de alimentos. En este momento final, la justa medida de unas raciones adecuadas es clave. Además, congela todo aquello que no tenga previsto comer, como el pan o los alimentos ya cocinados.
  9.          Una iniciativa muy innovadora en este campo es la de Eqosphere en Francia que pone a disposición de todos los actores implicados en esta problemática, una plataforma colaborativa para optimizar el desarrollo de las actividades de revalorización de los alimentos sobrantes y de los residuos. En Alemania también se trabaja en este sentido con la plataforma www.foodsharing.de que ayuda a la gente a compartir la comida que les sobra en vez de tirarla a la basura e influir de forma negativa al medio ambiente.

En definitiva, hay muchas maneras para evitar el despilfarro de comida y la solución a este problema de dimensión global está en nuestras manos.

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¿POR QUÉ COMPRAR A LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES LOCALES?

¿Por qué la comida local está de moda? ¿Por qué se dice que es mejor la comida fresca a la comida rápida? Hay tantos beneficios en los alimentos locales frescos, que es difícil saber por dónde empezar.

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Aquí te dejamos las razones más importantes que te convencerán por qué comprar comida local:

1. En primer lugar es beneficioso para la Economía local. Comprando a los productores locales apoyas el desarrollo sostenible de sus tierras, con ingresos los agricultores permanecerán en ellas y las utilizarán para producir alimentos, aprovechándolas y dando trabajo a muchas familias diferentes. Por otro lado, los alimentos locales generan un menor impacto medioambiental, puesto que los alimentos de cercanía tienen una huella de carbono menor derivada de su distribución y transporte cortos, en comparación con los productos convencionales que puedas encontrar en las grandes superficies.

2. Conoces el origen de tus alimentos. Siempre es más reconfortante sentarte a comer sabiendo de dónde proceden los productos. El agricultor te puede decir todo sobre el producto: los cultivos y las variedades que producen, prácticas empleadas, etc.

3. Los productos locales son más frescos. Los productos que recorren largas distancias largas distancias pueden llegar a estar semanas en congeladores.  Sin embargo, al comprar local estamos obteniendo un alimento cosechado en el momento óptimo de maduración y poco antes de ser comprado, lo que significa que los alimentos tienen más nutrientes.

4. Mejor sabor. Un producto recolectado ayer tiene mucho más sabor y propiedades nutricionales que uno recolectado hace semanas y que ha sido mantenido artificialmente en cámaras.

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6. Comemos productos de temporada. Al consumir productos locales automáticamente comemos productos adaptados a cada temporada. Además los productos de temporada son más baratos. Es fácil olvidar que muchos productos no se pueden cultivar durante todo el año. Comprar directamente a los productores te pone en contacto con las estaciones del año aprendiendo a diferenciar cuándo es el mejor momento para consumir cada producto.

7. Reducir el embalaje. Los productores ecológicos evitan materiales de embalaje y etiquetado contaminantes, como los plásticos, que ya no solo se convierten basura, si no que para producirlos también en necesaria la quema de combustibles fósiles.

Fresh vegetables and fruits at a farmer's market

8.  La comida local es más variada. En muchas ocasiones son los pequeños agricultores los que mantienen vivas algunas variedades de frutas y hortalizas, y esto se debe también a la policultura que conlleva la agroecología. Además llevar una dieta variada es muy beneficioso y nos ayuda a mantener una buena salud.

9. Impides oligopolios. El 80 % de los productos que se distribuyen en España lo controlan 5 empresas las cuales hacen y deshacen en cuanto a precios finales y en cuánto se produce y cómo. Apoyar a los pequeños productores sirve para luchar contra este oligopolio y ejercer nuestro derecho a una soberanía alimentaria.

10. Desarrollo sostenible. Con ingresos, los agricultores permanecerán y  utilizarán las tierras para producir alimentos. Aprovechando las tierras y comprando a proveedores locales que dan trabajo a otras familias. A medida que crecen se tendrá que emplear a más gente local. Ellos también van a comprar a proveedores locales y aumentar aún más el valor de su euro localmente gastado. En definitiva: ayudamos a preservar e incluso crear empleo sostenible en nuestro entorno.

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11. Biodiversidad local. Los alimentos de carácter local tienden a desaparecer de la vista ya que los supermercados ordenan sus líneas de productos según sus intereses económicos, sin importar su impacto negativo a niveles cultural, medioambiental y de salud. Al consumir localmente podrás consumir productos o variedades  que normalmente no encontrarás en el supermercado, y así estarás ayudando a mantener la biodiversidad productiva de la zona, alimentándote mejor y fomentando la diversidad.

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12. Comprar la cantidad de alimentos que realmente necesitas.  En los supermercados se venden grandes cantidades y alimentos en embalajes que en ocasiones no se ajustan a nuestras necesidades y finalmente acaban descansando en el fondo de una bolsa de basura. Este consumismo sin sentido que promueve un modelo insostenible, tanto ambiental como socialmente, es totalmente perjudicial para el bienestar del Planeta.

13.  Los productos ecológicos y locales son más saludables para el consumidor y el medio ambiente ya que no contienen aditivos químicos perjudiciales ni pesticidas, y suponen un importante ahorro en las emisiones de CO2. Aparte de los ya consabidos beneficios que conlleva un modelo ecológico, técnicas respetuosas con el medio como por ejemplo el no empleo de fitotóxicos, convierten de los productos ecológicos en unos grande aliados en la lucha contra el cambio climático, ya que en la producción y el transporte de estos tóxicos se producen grandes cantidades de emisiones de CO2 y otros gases que fomentan el calentamiento global.

 En definitiva, todas tus compras, todo tu consumo, son un arma muy importante con la que cuentas para luchar contra el cambio climático y la recuperación de la economía. Seleccionar los productos que adquieres en función de su procedencia, del modelo productivo del que proceden, puede hacer que todo el modelo económico actual, fallido, injusto, auto destructivo se transforme, adquiera un rumbo más sostenible, justo, más respetuoso con el medio ambiente, con nuestra salud y en definitiva con nosotros mismos.

Así que, si de verdad queremos cambiar el modelo de consumo y mejorar la calidad del mismo  como también del producto debemos apostar por los productores locales ecológicos y sus productos, busquemos siempre su correcta certificación.  Algo tan sencillo y que depende de nosotros que simplemente nos beneficia a todos.

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Slow Food o cómo recuperar los sabores y las costumbres tradicionales

Hoy más que nunca, el individuo moderno vive sumido en una particular carrera de obstáculos en la que controlar el cronómetro hasta la milésima determina nuestra existencia. La prisa es el motor de todas nuestras acciones y todos nos olvidamos de que “en la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad” tal y como dijo el sabio Gandhi.

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El movimiento Slow tiene el objetivo de enseñarnos que podemos llevar una vida más plena y desacelerada. Es una fuente de placer, útil para alejarse de una vida estandarizada regida por el minutero de nuestro reloj, sometida por una velocidad que erradica nuestra capacidad para disfrutar del momento presente. La clave para  disfrutar de nuestras vidas según el movimiento Slow prolongado que en demasiados casos queda sepultado por las obligaciones del futuro más inmediato., reside en un juicio acertado de la marcha adecuada para cada momento de la carrera diaria. Se debe poder correr cuando las circunstancias apremian y soportar el temido estrés que en demasiadas ocasiones nos embarga; pero a la vez saber detenerse y disfrutar de un presente.

El movimiento Slow tiene su génesis en la Plaza de España romana, en el año 1986 y se simboliza mediante la figura del caracol (el mejor símbolo para luchar contra la velocidad). Cuando el periodista Carlo Petrini se topó con la apertura de un conocido establecimiento de comida rápida en este enclave histórico de la capital italiana, algo se removió en su interior. Definitivamente, se habían traspasado los límites de lo aceptable y entendió, de forma casi visionaria, los peligros que se cernían sobre los hábitos alimentarios de la población del viejo continente. Y así fue cómo se fundó la semilla del movimiento Slow Food (Comida lenta).

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La idea de Slow Food es simple: proteger los productos estacionales, frescos y autóctonos del acoso de la comida rápida y defender los intereses de los productos locales, siempre en un régimen sostenible, a través del culto a la diversidad, alertando de los peligros evidentes de la explotación intensiva de la tierra con fines comerciales. El movimiento Slow Food se basa en el disfrute de la comida, en degustar los placeres que ofrece y en gozar de la buena mesa en el entorno más adecuado. Es una alternativa frente a la comida rápida y lucha para salvaguardar el patrimonio alimentario de la humanidad.

El movimiento se ha ido ampliando, y hoy está presente en más de 130 países de los cinco continentes. En 2004, la FAO lo reconoció oficialmente como organización sin ánimo de lucro e instauró con ella una relación de colaboración. Slow Food distingue a productores, procesadores, comerciantes y gastrónomos que trabajan para comercializar los llamados “alimentos y platos del Arca”, en alusión al Arca de Noé. Además, el movimiento, con su fundación para la biodiversidad, trabaja en pos de la conservación de la variedad de plantas cultivadas y animales de consumo.

Tras Slow Food, han ido apareciendo nuevas aplicaciones a otros ámbitos esenciales de nuestras existencias como el sexo, la salud, el trabajo, la educación o el ocio que acabarían por conformar las áreas de influencia del movimiento Slow. Y todos ellos tienen como propósito fundamental disfrutar y saborear la vida al máximo pensando en cómo invertir de mejor forma nuestro tiempo que es lo más valioso que tenemos.

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La nutrición es la base de nuestro buen estado físico, la plenitud, el buen humor diario, el desarrollo personal, profesional y afectivo.Todos sabemos que las frutas y verduras son algunos de los alimentos más importantes para nuestra nutrición y que son buenas para el cuerpo y para la salud pero resulta además que algunos de los productos reflejan la parte del cuerpo a la que proporcionan los nutrientes necesarios. ¡Somos lo que comemos…nunca mejor dicho!

Encontramos 13 diferentes alimentos cuyo aspecto nos permite saber para qué parte de nuestro cuerpo son buenas.

Las nueces se parecen al cerebro.

Tanto la cáscara de la nuez como su poderosísimo contenido son similares al cerebro humano y se sabe que son la mejor fuente de Omega 3, Omega 6 y Omega 9 y muy necesarios para el buen funcionamiento del mismo.

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La zanahoria se parece al ojo.

La pupila, el iris y las líneas alrededor se ven iguales a las de los ojos! Alimentarnos con zanahoria – que no tenga agrotóxicos, ósea natural-orgánica- hace que veamos bien de noche.

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El apio se parece a los huesos de las personas. 

Los tallos del apio, se presentan como el radio y el cúbito humano y son una fuente de calcio indispensable para nuestros huesos.

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Las naranjas, torinjas, limas, limones, etc se parecen a las glándulas mamarias de los senos de las mujeres. 

Además de que se parecen a las glándulas mamarias femeninas también ayudan a la salud de los pechos y al movimiento de la linfa hacia adentro y fuera de ellos.

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 Los dientes se parecen a las fresas.

Las fresas no solo los blanquean al restregarlas contra los dientes, sino que mantienen una dentadura fuerte y sana junto con el rojo de las fresas, indica su parte homóloga para la salud de las encías.

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Los tomates y el corazón.

Un tomate es rojo y por lo general tiene cuatro cámaras, al igual que nuestro corazón. Los tomates también son una gran fuente de licopeno, una sustancia química vegetal que reduce el riesgo de enfermedades del corazón y varios tipos de cáncer.

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 El intestino se parece a la papaya. 

Podemos ver como el corte transversal de la papaya tiene un gran parecido al colon hasta su parte final, y las vellosidades de la parte interna de la papaya son claramente iguales a las vellosidades intestinales con lo que éstos nos entregan los nutrientes a la sangre para luego ser llevados a cada una de las células de nuestro cuerpo.

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 Nuestros pulmones se parecen a las uvas.

Nuestros pulmones están formados por ramas de las vías respiratorias cada vez más pequeño que terminan con racimos de pequeñas partes de tejido llamados alvéolos. Estas estructuras, que se asemejan a racimos de uvas, permiten que el oxígeno pase desde los pulmones hacia el torrente sanguíneo. Una dieta alta en fruta fresca, tales como uvas, se ha demostrado que reduce el riesgo de cáncer de pulmón y el enfisema.

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 Las Células se parecen al noni, a laguanabana, a la chirimolla, etc. 

La estructura de la guanábana Cimarrona, mejor conocida como “Noni”, es similar a las células y, de hecho, actúa en su beneficio. Se utiliza popularmente como una terapia contra el cáncer.

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 Las brevas o higos se parecen tanto a la vagina como a los testículos. 

Tienen poderosos fotoquímicos que ayudan a tener poderoso semen para el hombre y fertilidad y lubricación en la vagina de la mujer. Además se sabe que contienen mucha vitamina B6, la cual es la responsable por la serotonina, o sea la hormona del placer.

 Los frijoles se parecen a nuestros riñones.

De hecho sanan y ayudan a mantener el funcionamiento del riñon.

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 Los plátanos son como una mano humana.

Sobra decir lo que el potasio hace para los huesos y articulaciones, y ninguna parte de nuestro cuerpo tiene más huesos y articulaciones que la mano.

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 En resumen, la naturaleza nos habla, y nos ayuda a entenderla… ¡solo debemos aprender a escucharla!